¿Cómo afecta un divorcio a los hijos?

Desde el foro Español de la familia se estima que en España se divorcian el 30% de los matrimonios, cifra que ha aumentado considerablemente en los últimos años.

Cuando un matrimonio se rompe, aunque sea de manera amistosa, se produce una desestructuración familiar que influye en el desarrollo de los más pequeños de la casa de manera indirecta. También es cierto que con el tiempo las consecuencias psicológicas suelen superarse sin mayores problemas.

El simple hecho de que uno de los dos conyugues abandone la casa y no vea de manera diaria a sus hijos, supone un punto de inflexión para el menor, que se sentirá confuso y aturdido en el mejor de los casos.

Sin embargo, existen diversas reacciones posibles dependiendo del tipo de divorcio, de la relación que mantengan los padres tras el mismo, y de las medidas que tomen los adultos de cara a facilitar el tránsito a los niños.

Entres las consecuencias directas que pueden afectar al bienestar mental de los niños cuyos padres de divorcian destaca el cambio de residencia, colegio y, por lo tanto amigos, en algunos casos. Esta situación puede provocar trastorno en la autoestima de los niños, aunque bien llevado, a la larga, puede tratarse de algo positivo para su desarrollo.

Los niños de entre 2 y 6 años tienden a sentirse culpables por la situación. Creen que su comportamiento diario ha afectado a la ruptura. Cuando son algo más mayores, hasta los 12 aproximadamente, es cuando más confusos se sienten, y no saben cómo reaccionar. Afecta a su relación con los demás en el colegio.

Cuando entran en edad adolescente, tienen a sentir miedo, soledad, y ven multiplicados todos los problemas típicos de esta edad tan complicada de por sí, como pueden ser los cambios de humor, o el refugio en malas amistades.

La agresividad, las rabietas, y la falta de autoestima es común a todas las edades cuando se da un divorcio. Lo más importante es ofrecerle todo el cariño posible a nuestros hijos, dejarles bien claro que no tiene nada que ver con ellos, y tratar ante todo de normalizar la situación.

Del mismo modo, muchas veces se da el caso en el que, por ley, el hijo o los hijos de un matrimonio recién divorciado pueden verse obligados a convivir a con un progenitor cuando quieren vivir con el otro, ya que hasta los 18 años no podrán decidir.

La introducción de nuevas parejas para los padres suele ser uno de los asuntos espinosos a tratar. Hay niños que no aceptan la realidad y se enfrentan sin motivo a la nueva pareja de cada uno de sus padres.

Lo ideal es acudir a un especialista, que estudie nuestro caso y aplica métodos concretos para que este proceso sea lo más rápido posible, para que no deje secuelas de ningún tipo. Desde Psicología Juana María Hernández Díaz recomendamos cautela, dedicación y paciencia prestando especial atención a los niños durante los primeros meses tras el divorcio.

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